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EMPEZANDO POR UNO MISMO

Francisco J. Vázquez Perea

¿Es mala o es buena la masificación de nazarenos en la Semana Santa? 

Como en un péndulo radical, los argumentos se desplazan de un extremo a otro, desde la comparación con la sequía religiosa del mundo donde esta sobreabundancia de capirotes es toda una bendición que la Iglesia debe preservar como un tesoro, hasta la tesis contraria de las costuras reventadas de la Fiesta, sus formas y equilibrios desbordados y su belleza que siempre se guió por el sentido de la medida, ahora más que comprometido.

Empezaron (salvo en los tramos pata negra) las filas de a tres por la Carrera, los penitentes hasta de a cuatro, las bandas recortadas… y la diatriba entre las de capa y las de cola que por qué éstas últimas debían o no debían observar esa obligación. Como suelen ser de silencio, se escudan a veces en que las de capa eliminen las bandas y megabandas para equipararse si es lo que quieren. A mi me convence más el que un nazareno de cola ocupa más espacio con el cirio delante (si van de tres no podría ser de otro modo) que al cuadril en que marcha en el plano de su misma vertical. Y al final, pues ni de tres ni de cuatro, ya en manifestación como hemos visto y acabaremos acostumbrándonos a ver. 

Fluyen otras opiniones contrarias entre sí de quienes estiman que el derecho a salir de nazareno no puede ser limitado pues como culto principal es hasta un deber de Reglas y quienes disienten y apelan a la evidente realidad que precisa de urgente intervención. Algo que será provisional porque la elefantiasis seguirá alimentándose (Dios nos oiga) y el problema reactivándose con mayor gravedad. Mientras, se complica la cosa con sus efectos en los recorridos, los parones de los cruces de calles, se gripan los cortejos en recorridos que convierten el centro en una ratonera, se propone y se ensaya la carrera al revés. Unos enarbolan que se va a la Catedral, no a la Campana por lo que es factible. Otros le devuelven el boomerang de por qué narices efectuar entonces el paseíto entre las sillas si cumplida la estación lo que toca es volver a casa. Cierto que así fue el Sábado Santo muchos años. Tan cierto como que aquellos años los cofrades estuvieron luchando por enderezarlo hasta que consiguieron que el Cardenal aragonés rectificase. 

Cuando los días llegan a ponerse de acuerdo, lo hacen a costa de alguna Hermandad damnificada que en minoría queda huérfana y dolida en su jornada. Pues que el Arzobispado que tiene la autoridad no tiene el conocimiento técnico. Y el Consejo que debería tenerlo, no tiene fuerza coactiva. En su laboriosa atalaya, el Cecop que se debate entre la paciencia y la sensibilidad de su espera. 

Y digo yo… algo que nadie me parece ha mencionado. Algo que no es la solución, como no lo es que para salir en la cofradía se deba tener un año de antigüedad pero aplicarlo manifestaría al menos una prueba convincente de estarlo intentando. Del mismo modo, esto que voy a referir, y que me va a crear muchos enemigos, debería irse instalando en nuestras mentes. Porque ¿usted en cuantas cofradías sale? Lo sevillano y no pueden negármelo es salir en más de una. La de su familia de generaciones y en la que vd decidió apuntarse por elección. La del barrio y la de aquella devoción que descubriste. Donde llevas puesto de mando, sitio de trabajo porque eres, has sido o llegarás a ser de Junta y la que te disuelve en el doble anonimato de soldado raso con según tu número de antigüedad. La que te agrupa con tus hijos y familiares y la que solitariamente te ve llegar por la puerta de la sacristía. La que ni recuerdas la primera salida de pequeño, pequeña, que eras y la que un año viste pasar convencido que al año siguiente serías parte de esa fila de nazarenos… ponga cada uno su experiencia. Hasta los cofrades más identificados con una sola insignia en su solapa frecuentemente cuelgan en su casa otra segunda túnica que pocos le conocen. No entro ya en los que lo hacen tres y hasta más veces. Pero en dos… es casi lo clásico. 

Es muy arriesgado proponer -es lo que planteo- que no se salga más que en una cofradía. Desde luego nunca debiera convertirse en una prohibición. ¿Pero en una recomendación apelando incluso a la caridad? Sabiendo que nuestra repetición supone un daño ya a la Semana Santa, no una contribución a su mayor esplendor. ¿Perjudicaría a las hermandades más modestas o a las devociones universales que se nutren de los que son de la suya y… del Gran Poder, de la Macarena, de la Esperanza, del Cachorro? Nace de nuevo, Nicodemo. Nace a la convicción, cofrade, que a nadie se traiciona si no vistes una túnica si ya realizas tu penitencia con otra. Porque lo demandan los tiempos y un cambio de mentalidad (vino viejo en odres nuevos) podría ser una tabla de salvación para una celebración cuya pureza puede depender de no ser tan puros, léase estrechos de mente.

Soy consciente del coste sentimental, devocional que proponer esto conlleva para cada uno. Nuestro corazón, nuestras almas, no son piezas que puedan fragmentarse sino un todo empapado a la vez por diferentes esencias. Pero ante la realidad aplastante que es la que nos interpela ¿no deberíamos sentir -a mi me ha pasado y de ahí estas letras- que el sano goce de disfrutar la penitencia por duplicado, por muy distinto que sea cada vez, ni es tan sano ni se puede negar que algo de egoísmo personal vaya tiñéndolo?

¿Alguien, nuestro Pastor, debería hacer un primer llamamiento en este sentido? Repito que no es una solución (si cuajase sí que lo sería) pero cuando no se tiene ni siquiera la voluntad, cómo se va a pretender llegar al lejos. La Hermandad está más necesitada de apoyo durante el año que de demostraciones cuantitativas el día de la salida. Además aunque menguaran las lucidas cifras de componentes de las nóminas, pasaríamos a otra proporción, a otras dimensiones donde la mengua recuperaría pronto el tamaño relativo de siempre.       

Cojan papel y lápiz y jueguen a esta posibilidad. Valoren sus virtudes o sus defectos. Y luego pónganse la mano en el pecho. Y si no están conformes no me crucifiquen. Pero no por el hecho de haber apuntado esta posibilidad, que unas líneas no hacen mal. Sino, y con razón, por escribir en ellas el mayor ejercicio de hipocresía posible, el de quien predica y no da trigo. Porque soy de los abonados a dos túnicas (o más) cada Semana Santa, para tener ahora el impresentable valor de morir por la boca como el pez.  

¿Nos lo proponemos? Me apunto el primero. Con mucho dolor de corazón pero por el bien de la Semana Santa.  

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