San Bernardo de ayer a hoy: la reconstrucción simbólica de un barrio.

MARIANO LÓPEZ MONTES | JOSÉ MARÍA LOBO ALMAZÁN

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Foto: Archivo Hdad. de San Bernardo

Agradecemos su asesoramiento y colaboración a Isidoro Moreno Navarro, catedrático de Antropología Social; y David Florido del Corral, profesor del Departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla.

Queremos dar este año un paso más adelante, una chicotá más, en esta revista que, después de varios años de difusión cofrade, pone un año más su Cruz de Guía en la calle para avanzar en el conocimiento y la difusión de los diferentes aspectos que conforman nuestra Semana Santa.

Este artículo se debe, por un lado, a una mirada que se explica por la formación antropológica de uno de sus autores; por otro, a la experiencia y conocimiento que sobre la Hermandad atesora el otro. Creemos que esta doble visión es fundamental para poder aportar estas reflexiones sobre un fenómeno que sucede y cobra vida cada Miércoles Santo.

Queremos ofrecer un análisis novedoso y una visión distinta de las que estamos acostumbrados en las publicaciones clásicas sobre nuestra Semana Santa, que disfrutan de gran profusión de estudios históricos, artísticos o devocionales. Sobre el fondo de estas visiones queremos ofertar esta óptica, un tanto diferente, e incluso heterodoxa, pero nunca exenta de verdad sociológica, que viene a sumar diversidad y a complementar el resto de aportaciones.

En el artículo anterior, definíamos el origen y desarrollo histórico, social y económico del barrio con unas fronteras delimitadas que lo aislaban de otros vecinos colindantes.”Así las vías del ferrocarril y la Estación que llevaba su nombre, la Huerta de la Salud, la fábrica de Artillería, La Pirotecnia, junto con otras instalaciones militares, el antiguo matadero e incluso el antiguo arroyo Tagarete, encapsulaban un territorio respecto de sus zonas contiguas, que junto con la condición obrera de la mayor parte de sus habitantes, de modo que existía un sentido de pertenencia y una clase social a un barrio” 1.

Coincidíamos con el profesor Isidoro Moreno en que este hecho era fundamental para explicar su fuerte personalidad, con permanencia física de sus pobladores, lo que contrastaba con la movilidad característica de otras zonas residenciales obreras 2. Este factor puede ayudarnos a explicar el sentimiento identitario del barrio, ya que: “Las fronteras físicas, generan una fuerte personalidad, que a su vez crean fronteras simbólicas”.

Existe una serie de colectivos socio-profesionales, a veces representados por destacadas personalidades, que han jugado un importante papel en la conformación de una impronta o estilo de esta identificación, por mucho que estos actores hayan perdido influencia en la actualidad. Nos referimos a toreros, bomberos y al mundo de la artillería.

En primer lugar, siempre se ha asociado a esta hermandad con el mundo taurino. Basta para ello tan solo transportarnos en el tiempo al siglo XVIII, donde podemos observar cómo la familia Rodríguez, a la que pertenecía el famoso Costillares, se le relacionaba con la Hermandad de la Santa Cruz, de gloria, que más tarde se fusionaría con la de penitencia de San Bernardo; y cómo fue vital el resurgimiento de la Corporación en el siglo XIX gracias a la labor de personalidades como Curro Cuchares, su hijo Currito o su yerno el Tato, quienes dieron un gran impulso a la misma. A lo largo de la existencia de la Hermandad se podría hablar, porque así se ha investigado, de la existencia de un número superior al centenar de hermanos ligados al mundo del toro; siendo de destacar familias como la de los Trigos, Bienvenida o la de los Vázquez, de la que Manolo fue también Hermano Mayor. Actualmente, el testigo lo ha tomado Eduardo Dávila Miura, hermano al que se le debe la gratitud de la donación de caireles para el paso de palio que todos los años pierde alguno en la Estación de Penitencia.

Un segundo colectivo que en su día tuvo mucha relevancia fue el de artillería. En el barrio existieron importantes industrias relacionadas con la artillería, de modo que una buena parte de los vecinos trabajaban en sus fábricas, llegando a ser nombrados los directores de las distintas industrias militares –Fábrica de Cañones y Pirotecnia- Hermanos Mayores Honorarios de la Hermandad. Esta relación quedó consolidada con la incorporación de Santa Bárbara, patrona del Arma de Artillería, como Titular de la Hermandad, y con el nombramiento de “Artillera de Honor” por parte del Regimiento de Artillería Antiaérea no 74; siendo muchos los detalles que externamente la Cofradía ofrece y la distingue, como los cañones de la delantera del paso de palio, la imagen de la patrona artillera en el faldón delantero, guion y sobre todo el acompañamiento de una escuadra de batidores que todos los años escolta los pasos. De este modo, el cinturón de edificios, instalaciones y tropas que circunscribían la parroquia en este contexto urbano, ha ido progresivamente siendo expresado simbólica y materialmente en esos detalles procesionales.

Por último, el cuerpo de bomberos, vinculación más moderna y que se expresa desde hace años en el aparato de luces y lluvia de flores cuando los pasos coronan el puente. Podemos entender que, progresivamente, el imaginario colectivo relativo a la Hermandad se va nutriendo con este nuevo elemento.

Después de la riada última (1961), el barrio cae en una decadencia ocasionada por una serie de factores ya analizados y en pocos años se fuerza a la diáspora de sus vecinos, familias obreras, a zonas residenciales surgidas en el extrarradio de la ciudad (Polígono de San Pablo, zona de Amate-Candelarias, La Oliva o Alcosa). “El desplazamiento de la población tradicional de los centros históricos, vinculada al cambio socio demográfico de los mismos, es uno de los elementos fundamentales de los procesos de gentrificación que han acontecido en las principales ciudades españolas en las últimas décadas, conformando la colonización de un grupo social con características radicalmente diferentes de los vecinos preexistentes, y se convierte este espacio en un sector atractivo para atraer a nuevos grupos de vecinos con un poder adquisitivo mayor” 3.

Al mismo tiempo que se producía a finales de los 50 y principios de los 60 el desarrollismo y sus estridencias en el tejido urbano de la ciudad, algunas zonas, como la de San Bernardo, conocía su proceso de degradación como consecuencia de la ausencia de una política urbanística orientada a objetivos sociales y zarandeados por intereses especulativos4.

La vinculación simbólica con su barrio de origen, sin embargo, no se perdió, sino que ha sido recreada, cada Miércoles Santo en las cuatro últimas décadas, facilitando de este modo un sentimiento de idealización de aquel antiguo espacio que ocupaba el barrio de San Bernardo. Sus elementos culturales, sobre valores expresados en las relaciones vecinales como la amistad, el sentido de pertenencia y el papel jugado por las imágenes de la Cofradía, de este modo, han seguido manteniéndose. En un contexto de desarraigo en sus nuevos barrios, el Miércoles Santo se ha convertido en la argamasa, si bien simbólica, que ha facilitado el mantenimiento de esa relación. La Cofradía en la calle, por tanto, es la plataforma que sostiene ese sentido de vinculación con el barrio y el pasado de los antiguos vecinos.

Foto: Mariano López Montes
Foto: Hdad. de San Bernardo

Cada Miércoles Santo toma cuerpo ese vínculo emocional y de memoria, pues la antesala de los días importantes de conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesús constituyen el verdadero epicentro de la Semana Santa en San Bernardo, su día grande, el que permite recordar quiénes fueron ellos y sus antepasados, y cómo fueron constituidos por su residencia en esta zona de la ciudad. Esta permanente recreación de una entidad que ya no existe (el caserío y la población renovados, así como todo el tejido por el que respiran los barrios de las ciudades andaluzas) podría explicar la resistencia que muestra esta corporación a modificaciones y cambios estéticos, diferenciándose por ello de otras hermandades, más proclives a innovaciones. Así, se han rechazado proyectos como el de un tercer paso o propuestas de transformar la estética de los actuales… El resultado, el indiscutible sello, la huella reconocible de una estética que ha ido adquiriendo solera con el paso de los años, hasta el punto que nos parece “de toda la vida”. La estabilidad y fijeza de este estilo, que se puede remontar al período entre finales del siglo XIX y principios del XX, se retroalimenta con el apoyo y vínculo emocional y sentimental de sus antiguos pobladores, cuando renuevan su compromiso con el barrio, la cofradía y consigo mismos, cada Miércoles Santo.

Es así como se logra que la cofradía siga representando al barrio de San Bernardo, representación que se fundamenta en la devoción que los antiguos vecinos siguen profesando al Cristo de la Salud y a la Virgen del Refugio. Un indicio de lo que decimos es que en las convocatorias de culto y publicaciones la cofradía se anuncia como “de San Bernardo”, apareciendo en letras más pequeñas los cultos a los titulares con sus advocaciones ya explícitas. Es decir, aquí se mantiene lo que antes era norma: que muchas hermandades se designaran por el nombre de las parroquias en que residían, como la Hiniesta era San Julián, el Cristo de Burgos San Pedro, o La Amargura era San Juan de la Palma, etc.

La Hermandad se organiza, como grupo corporativo, al margen de esa base devocional a la que nos hemos referido en párrafos anteriores: sus rectores suelen ser un grupo reducido, las elecciones se resuelven normalmente con candidaturas únicas y los rectores saben que su principal función,

a nivel estético, es seguir apostando por el modelo tradicional, eludiendo innovaciones que transformen los resortes devocionales bien asentados. Es lo que esperan sus vecinos. Y sin embargo, la participación de los hermanos en el desfile procesional es muy alta (casi un 50% de sus hermanos y hermanas sacaron papeleta de sitio en 2016, de una nómina de hermanos que desde hace bastantes años pasó de la barrera de los 5.000 y que en los últimos, anclada en los 5.300, sufre pequeñas modificaciones al alza, siendo muy parejos el número de nuevos hermanos con el de cofrades dados de baja por fallecimiento u otro tipo de circunstancia). Estos datos atestiguan que, a pesar del despoblamiento del vecindario tradicional, la cofradía se estabiliza y sigue confirmándose como un referente de cofradía de barrio. Y ello, a pesar de que no es muy activa la participación de sus hermanos en otros cultos, excepción hecha del Vía Crucis y algunas de las principales funciones a los titulares. En realidad, queda por saber cuál es la relación del nuevo vecindario con la Hermandad, su grado de participación, nominal o activa, en sus actividades, confirmar la hipótesis de que el hecho de que la residencia en otras zonas de la ciudad de una parte importante de sus hermanos puede ser un factor para explicar por qué la participación se concentra en el día de la salida procesional, o analizar el papel de sectores como la juventud o las mujeres.

Llegando al fin de esta nueva chicotá y antes de arriar los zancos sobre los adoquines del nuevo barrio, podríamos poner como punto final la siguiente cita: “La tradición es un legado que se transmite y que siempre está lleno de significantes y de nuevos significados, la tradición y vitalidad de los sentimientos cobran vida cuando este legado es capaz de compartirse y cobrar un año más vida”, sentencia que cobra vida cada Miércoles Santo y con la Cofradía de San Bernardo en la calle, donde tiene mucha más fuerza que en el interior de su templo.

Dedicado a los vecinos de la nostalgia y el sentimiento

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  1. LÓPEZ MONTES, M. y LOBO ALMAZÁN, J. M., 2017, San Bernardo de ayer y de hoy: la reconstrucción simbólica de un barrio I, Sevilla Cofradiera, p. 70.
  2. MORENO NAVARRO, I., 18/12/1974, San Bernardo, un barrio que agoniza, El Correo de Andalucía.
  3. DÍAZ PARRA, I., 2011, Desplazamiento, acoso inmobiliario y espacio gratificable en el caso de Sevilla, Universidad de Sevilla, Encrucijadas Revista Crítica de Ciencas Sociales, nº2, p. 48.
  4. VERA ARANDA, Á. L., 1988, El Barrio de San Bernardo, Sevilla, Revista de Estudios Andaluces, nº10, p. 27.

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