Redes sociales.

MACARENA ZULUETA RODRÍGUEZ

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Cada día es más común encontrar salidas de tono en redes sociales y a gente de diferentes bandos e ideas “despacharse a gusto” cuando algo o alguien no comulga con sus ideas. Las redes sociales se han convertido en un ámbito de impunidad donde se puede insultar, denigrar y promover el odio. Ante esta situación, es totalmente pertinente preguntarse cuáles son los límites de la libertad de expresión.

Debemos ser conscientes como personas, y más aún como cristianos, que el derecho a expresarnos no es un pase de libre circulación por encima de la dignidad de los seres humanos o instituciones. No se trata de censurar o impedir la crítica, sino de poner coto a las malas formas y al insulto fácil.

La cuestión es que, mientras muchos permanecen indiferentes porque esas agresiones no les afectan directamente a ellos, moralmente nos preguntamos cuál es el camino correcto: ¿mirar para otro lado?, ¿esconder una sonrisa socarrona y fingir que no ha pasado nada?… El cristiano no puede mirar para otro lado y las hermandades, como congregación de cristianos, tampoco.

En el seno de toda hermandad afloran las mismas formas de actuar que en la sociedad civil. De hecho, formamos parte de ella. Está bien modernizarse, hacer uso de los avances que la tecnología nos ofrece, como las redes sociales. Pero, para innovarnos, ¿es imprescindible dejar de ser hermandad?

Nuestra existencia obedece a algo tan sencillo como “la unión fraterna de unos cristianos para dar culto a sus titulares, fomentando el amor al prójimo” pero, que no se nos olvide, que el prójimo no es solo el que viene de la calle; el prójimo es, también, el hermano que tenemos al lado y, al igual que fomentamos la caridad a través de nuestra Diputación de Obras Asistenciales, debemos fomentar el respeto y las buenas formas en el seno de nuestra hermandad.

El buen gusto no está reñido con hablar claro y alto por eso, desde estas líneas, abogo por unas hermandades actualizadas y modernas; inmersas en una sociedad repleta de avances tecnológicos donde las redes sociales tienen cabida pero, no por ello, carente de sensibilidad. Nuestras hermandades deben ser, y deben mostrarse al mundo, como una familia donde el RESPETO sea una norma de vida. Nuestra lucha debe ser rescatar y mantener los valores humanos y cristianos heredados de nuestros mayores a la vez que, con nuestro ejemplo, perpetuarlos en las generaciones venideras.

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