La acción social de las hermandades. Principios, fundamentos y motivaciones en la sociedad actual.

ENRIQUE JOSÉ DURÁN MARTÍNEZ

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Foto: Juan Carlos Gallardo

Las hermandades, como asociaciones de fieles que promueven el culto a unas advocaciones que se denominan titulares, sean en forma de imágenes consagradas o como sacramentales, tienen una larga tradición en la protestación privada y pública de nuestra fe católica. La protestación de fe pública y privada ha sido, es y será fundamento y motivo de la reunión de fieles. Allí donde unidos se reza y se habla de Dios, Él está presente.

Pero la vida activa de un cristiano comprometido nunca ha sido la de mera contemplación y rezo, ni puede quedar en la meditación y práctica de los sacramentos. Nuestras Corporaciones están integradas en una comunidad y son referentes en la práctica de labores asistenciales.

Tenemos en nuestra historia ejemplos de dichas atenciones a los más necesitados, desde los enfermos en epidemias y desastres, el apoyo a colectivos marginados de toda índole, la asistencia parroquial tan necesaria y el sostenimiento de hospicios, casas de acogida, orfanatos, patronatos de educación, etc. Ya en la época moderna, en la Sevilla del Siglo de Oro, nuestras hermandades se hicieron de esta gran labor para paliar la miseria y la marginación que asoló a nuestra ciudad durante la segunda mitad del siglo XVII.

Esta Acción Social se ha llevado muchas veces de forma silenciosa y ha penetrado en ámbitos donde en su día no llegaban el poder político local, regional o nacional, pues la historia del estado del bienestar no es tan larga como la de nuestras asociaciones.

La doctrina social de la Iglesia consolidó los fundamentos de esa labor, formulando y dimensionando el contenido a través de encíclicas y documentos, en especial tras el Concilio Vaticano II, y llegando a ser resumida de forma magistral en el Compendio que se editó durante el mandato de Su Santidad el Papa Benedicto XVI, que pudo constatar esa necesidad de humanismo que enmarca la pertenencia a la Iglesia católica, no como un compromiso íntimo y personal en la creencia en nuestro Señor Jesucristo, sino en la práctica del supremo mandamiento del Amor Fraterno y en la transmisión del mensaje de Misericordia de Dios en la sociedad acual. Ese es el principio básico que rige la Acción Social de nuestras hermandades.

Hoy en día la sociedad plantea muchos retos a nuestra labor, y en las hermandades radica la importancia de dar ejemplo cristiano y colectivo en la comunidad, en el entorno más cercano y en la problemática variada y profunda que nos rodea, para desarrollar esa labor que tiene encomendada y que afecta a todos sus hermanos, no solo a sus dirigentes.

Por ello, la hermandad tiene que manifestar ese compromiso con la atención prioritaria a las necesidades de su comunidad, el apoyo constante y la total inmersión en la realidad de su entorno. Ejemplos hay muchos de la importancia y trascendencia para la vida de una comunidad local sobre lo que una hermandad pueda asumir con sus vicisitudes y en todos se pone de manifiesto que la Caridad y la Misericordia son las mayores armas para dar testimonio del Mensaje de Cristo y del Amor de nuestra Madre.

Las Orientaciones Pastorales Diocesanas entregadas por nuestro Arzobispo en 2016 han puesto de manifiesto esta cuestión como una de las palancas de actuación de las hermandades como Agentes Pastorales de Evangelización en nuestra comunidad, con presencia activa en los barrios y parroquias a las que pertenecen, fomentando la participación de los hermanos en las acciones de voluntariado y la presencia en todas aquellas cuestiones que susciten nuestra atención.

Pero ahí no queda todo, hay que aunar esfuerzos en una causa común. La acción conjunta potencia y amplifica lo que ya hacen de por si nuestras corporaciones. Poner el foco en un ámbito o llegar a acuerdos de forma conjunta entre las hermandades para atender un proyecto o una zona especial es una necesidad, pues solo desde la conjunción de esfuerzos se pueden lograr objetivos superiores.

El Proyecto Fraternitas, que se inició hace ya 10 años por parte del Consejo General de Hermandades y Cofradías y que ha centrado su atención en diversas actuaciones en la Parroquia de Jesús Obrero del Polígono Sur, es ejemplo de esa implicación de todas las hermandades, que destinan del presupuesto general recursos para la asistencia a la Guardería la Providencia, el apoyo al Proyecto Maparra de atención educativa, los diversos talleres de aprovechamiento de recursos alimenticios o la atención semanal a familias a las que se suministra alimentos.

Siguiendo esta línea, y a petición de las hermandades, se ha iniciado una labor de convenios de actuación que van desde el voluntariado afectivo hasta la formación de personas en riesgo de exclusión, para que las hermandades dispongan de una batería de proyectos y actuaciones a las que dirigirse. Fomentar es poner a disposición y dar facilidad para la elección, no distraer recursos que impliquen perjudicar la labor que ya se realiza en el seno de las propias Diputaciones de Asistencia.

El Consejo General de Hermandades y Cofradías aprobó el pasado mes de junio de 2017 un Reglamento de Acción Social que sienta las bases para seguir avanzando y organizando dicha actividad más allá de la mera aprobación presupuestaria. En este sentido, la labor de voluntariado será fundamental para ampliar dicha Acción, y en especial la de los jóvenes, tan necesarios para apoyar todos los proyectos que se lleven a cabo.

Nuestra sociedad necesita de nuestras hermandades como instrumento de Cristo. Todas las facetas y ámbitos que en los que se materialice dicha labor, de forma económica y material, formativa, humana y de voluntariado, personal o colectiva, tienen cabida en nuestro sentir cofrade.

Por ello, el objetivo prioritario de los dirigentes de nuestras hermandades debe ser la promoción, el fomento, el diseño y la planificación de la Acción Social, así como su comunicación eficaz, no para vanagloria o vanidad colectiva, evitando contaminar el verdadero sentido de dicha acción, sino como mecanismo de conocimiento para sus miembros, formación y concienciación interna del sentido cristiano.

Queda mucho por hacer, pero no podemos dejar de ver el futuro con esperanza y sentar las bases del mismo para que nuestra Acción Social crezca con fuerza y solidez.

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