Aproximación histórica al origen de costaleros y andas procesionales entre los Siglos XV –XVII.

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Ilustración evolución del costalero. Historia del costalero

Mariano López Montes, doctor en Medicina y licenciado en Antropología Social y David Florido del Corral, profesor del departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla.

En este trabajo pretendemos un acercamiento a las formas de portar los pasos, de modo paralelo a las transformaciones de las andas procesionales, que se desarrollaron en la ciudad de Sevilla entre los siglos XV y XVII. Así mismo, se aporta información sobre la relación entre los portadores de las andas procesionales con las hermandades y sobre la aparición del modelo de ‘paso’ que ha tenido continuidad histórica hasta el presente. Para ello utilizaremos información procedente de diversas hermandades de penitencia de Sevilla y otras organizaciones religiosas.

El primer aspecto a resaltar es el enorme vacío de información que existe en los archivos de las hermandades consultadas sobre esta temática. Las referencias encontradas aparecen como notas aisladas, generalmente en relación con los emolumentos cobrados por el trabajo  de carga de las andas, y poco más. Por otra parte no deja de ser curiosa la ausencia de bibliografía en historiadores que incidieron en su obra en el mundo de las cofradías como el propio Bermejo y Carballo[1] . En este mismo sentido, hay que destacar el escaso interés mostrado hasta el momento por la historiografía especializada, de la que podemos espigar algunos trabajos como el de Teodoro Falcón.[2]

Esta opacidad en las fuentes puede ser resultado de la desconsideración social sufrida por el colectivo de capataces y costaleros, que pertenecían a estratos sociales inferiores, de diverso origen socio-étnico, y cuya labor se trataba de un servicio basado en la fuerza física, muy mal considerada en la sociedad del Antiguo Régimen.  

Los modelos de portar imágenes

Podemos agrupar en cuatro tipos las formas históricas y actuales de llevar las imágenes en las procesiones en el ámbito procesional de Sevilla y, en general en Andalucía Occidental[3].

a)  La imagen es portada directamente a hombros.

b) La imagen es montada sobre parihuelas o andas atravesadas por elementos de sustentación transversales o longitudinales, para el porteo  sobre los hombros de los cofrades

c) Las andas de medianas o grandes proporciones, para procesionar escenas de la Pasión, con  grupos escultóricos ó imágenes de mayores dimensiones. Se trata de los conocidos en Sevilla como “pasos”, que tienen a su vez tres variantes:

– Portadas por el exterior con un hombro (hombres de Trono en Málaga)

-Portadas por el interior con un hombro (cargador de Cádiz, “cincho” en Sanlúcar de Barrameda).

– Portadas por el interior con los dos hombros…. (Cargador o costalero de Granada)

– Portadas por el interior por costaleros sobre la cerviz, en la que se apoyan vigas transversales, hoy conocidas como trabajaderas, con la mediación de elementos textiles para amortiguar el peso y evitar el roce en la piel ( costaleros-Sevilla, “molía”-Jerez, almohadón-San Fernando).

d)  Paso sobre ruedas.

Primeras noticias

Contrasta la escasez de noticias de porteo de imágenes en las procesiones de Semana Santa, con la documentación de que se dispone para la procesión del Corpus, que, no lo olvidemos, se trataba de la magna representación de la sociedad local del momento, de carácter oficial, y que por lo tanto, se celebraba todos los años, algo que no es extensible a las cofradías de penitencia en los siglos XVI y siguientes. Cargadores portando el paso de la Custodia están bien documentados en fechas tan tempranas como finales del siglo XVI, según atestiguan las investigaciones de Falcón y otros autores, y según se puede apreciar en las noticias del Abad Gordillo. Así, Falcón[4] afirma que los portadores de la Custodia eran estibadores portuarios que trabajaban en la Gran Compañía del río. Estos costaleros fueron inicialmente doce y percibieron en la primera salida (1587) un ducado –una cifra que parece excesiva, a no ser que se entienda colectivamente- . En 1590, cada costalero percibió por su trabajo 15 reales cada uno. En  un expediente del Archivo de la Catedral alusivo a la procesión del Corpus se especifica algo más sobre la condición de estos primeros costaleros:

“…llévanle en hombro 14 hombres, los cuales se remudan cuatro veces en diferentes trechos de la procesión de Corpus. Estos van vestido de limpio y confesados y comulgados, porque en su genero de gente trabajadora, de grandes fuerzas, que llaman de la Compañía, los cuales son cofrades todos de una muy ejemplar cofradía de Nuestra Señora de La Granada, donde asisten con gran devoción  y con la misma y gran silencio ocultos todos bajo las andas, llevan la custodia tan ligeramente, que parecen una pluma. No se mueve aún con estar las calles tan desempedradas y desiguales, como saben los que han estado en este modo antiguo y mas devoto para portar esta maquina que lo dicen de ruedas es no solo indecente, sino no devoto, ridículo y sobre todo arriesgado, porque si eso fuera mejor, las cofradías principales de la Semana Santa, como son el Crucifijo, la Antigua, el Entierro, y la Soledad, que se componen de los más lustrosos, noble y rico de Sevilla, buscaron este modo para sus imágenes, pero ninguno hasta hoy ni aún lo ha pensado, puesto y mas quererlo ejecutar, porque no lo consienten los demás hermanos de la cofradía”.[5]

Con todo, la Custodia era acompañada exteriormente por miembros de la Congregación de Nuestra Señora de La Granada, sacerdotes revestidos litúrgicamente, que generaban la impresión de ser los que cargaban con la Sagrada Forma.

En relación a las cofradías de Semana Santa, diversas noticias nos sirven para afirmar que, en el caso de Sevilla, entre finales del siglo XVI y primer tercio del siglo XVII se generaliza el uso de andas que porta un número menor de cofrades o asalariados contratados al efecto como modelo de portar imágenes. Se podían ayudar de las denominadas horquetas y horquillas para tal trabajo.

La necesidad de contratación de hombres de fuerza para portar las andas, ante el poco interés, o incapacidad, de los hermanos de la cofradía para desempeñar este trabajo, queda recogida en el acta del cabildo de la hermandad de Monte-Sión de fecha seis de abril del año 1599:

“E luego fue acordado que se busquen seis hombres de buenos talles que lleven la imagen de Nuestra Señora, atento que suele haber diferencias entre hermanos y que la procesión está en la calle y no se halla quien lleva la dicha imagen. Y que a los dichos seis hombres se le pague lo concertado, con que los susodichos traigan muy buenas túnicas y aderezos, con que no se diferencien de los demás hermanos.”.[6]

Antiguo paso de las Tres Caídas de Triana. Años sesenta, cuadrilla de Los Rechi. En el zanco derecho aparece el mítico costalero “Manolín Mercao”, activo hasta hace poco, y que ha participado como costalero tanto en el antiguo como en el nuevo modelo. Estas andas procesionales se encuentran actualmente en Utrera.

De 1596 tenemos una noticia de que los cargadores habían de llevar túnicas, lo que nos invita a pensar a que eran portadas desde el exterior. En esta referencia,  se contrata a 16 hombres a través de la intermediación de un panadero de la calle Feria, oficio que requería el porteo de costales de harina, de modo que quienes lo ejercían estaban especialmente preparados para ser cargadores de las andas procesionales.[7] También para la hermandad de la Coronación de Espinas sabemos que los encargados de porteo habían de vestir túnicas de hermanos para portar las parihuelas, aunque éstas no son citadas expresamente. “Eran tres andas de pequeñas dimensiones, pues el paso de la Coronación de Nuestro Señor y el de la Virgen del Valle, iban portados por cuatro hermanos cofrades cada uno”[8].

Por lo que hace a la Hermandad del Traspaso, Torres Curiel,[9] citando a Serrano Ortega –que fue  mayordomo de la hermandad del Gran Poder a finales del siglo XIX-, comenta que la primera forma de conducir las efigies, al menos en Sevilla, era en parihuelas sobre los hombros de los cofrades, llevando las correspondientes horquillas (horquetas) –documentas en los inventarios de la hermandad desde el siglo XVI- para apoyarlas en las paradas. En  este mismo sentido se pronuncian Ollero Tassara y León Vázquez.[10]

De esta información podemos deducir que los pasos en que se colocaban sus imágenes  eran unas simples parihuelas, sin patas o zancos de sustentación, con un peso reducido para ser portado por pocas personas –piénsese que en este caso se mencionan ocho horquillas solamente.

Década de los cuarenta, Vicente Pérez Caro con la cuadrilla de costaleros asalariados que iba a sacar la cofradía del Porvenir. Es interesante observar el lugar en que está hecha la foto, que no es otro que las escaleras de la Plaza de España cercana a la Parroquia de san Sebastián. Un punto de especial interés es contemplar a estos antiguos costaleros, desde su propia sonomía externa, como por la indumentaria, y los elementos propios que utilizan para realizar la faena costalera.

La aparición de paso barroco

A partir de mediados del siglo XVII, se empieza a documentar una transformación en el modo de porteo, al menos para algunas hermandades, como la mencionada del Traspaso. Según un documento de 1655 se contrata una cuadrilla de veinticuatro hombres para dos servicios: salida procesional del Viernes Santo y, de manera extraordinaria, el Domingo de Ramos durante el desarrollo de la plática o sermón pasionista. Se especifica claramente la remuneración económica que han de percibir dichos capataces por este trabajo, así como la sanción  si no lo realizaban. Es importante reseñar que en él no se recoge el término  costaleros sino el de cargadores, siendo su número de veinticuatro, aunque hemos de pensar que en esta fecha, de 1655, las imágenes todavía se portaban mediante el sistema de andas con el auxilio de las horquetas  para sustentar las parihuelas cuando se detenía la procesión.

“En la ciudad de Sevilla en siete días del mes de Marzo de mil seiscientos cincuenta y cinco años, Domingo Hernández y Manuel González capataces de cargadores de esta ciudad a quien yo el escribano doy fe y conozco, dijeron que se obligaban y obligaron de mancomún y cada uno por si por el todo en bastante forma a llevar con su cuadrilla los dos pasos de esta cofradía del Traspaso la estación que ha de hacer en el Viernes Santo de este año de ida y vuelta a la Santa Iglesia Mayor de esta ciudad desde el convento de Nuestra Señora del Valle por trescientos reales de vellón que se les ha de pagar en luego que hayan cumplido, y con ellos sin otra paga ni cosa alguna han de asistir Domingo de Ramos en la tarde al dicho convento a dar vuelta con los pasos por la Iglesia al tiempo del sermón y si en todo o parte de ello lo deshacen de cumplir consienten que por su propia costa se pueda concertar otra cuadrilla por los precios que se concertase y lo que en más costare y los daños y que a la dicha cofradía le supusiera lo pagarán de la dicha mancomunidad a lo cual se obligaron con su persona y  con todas las fuerzas y formas de derecho y así lo otorgaron, lo firmó uno de lo testigos que se hallaron al otorgamiento y lo fueron Diego Franco, Francisco Millán y Thomás de Arciniega, vezino de esta Ciudad. Y se declara así con que la cuadrilla con que han de trabajar ha de ser de veinte y cuatro hombres”.[11]

Década de los sesenta. Cuadrilla de Vicente Perez Caro, conocida como “La de la Puerta Osario” . Antonio Villanueva Pérez, segundo capataz y por tanto comandando los Pasos de Cristo, manda el paso de la Presentación al Pueblo de San Benito, junto a él ejerciendo labores de ayuda y aprendizaje, un joven Manuel Villanueva Granados, que de esta manera tradicional de trasmisión de conocimientos en el mundo del martillo comenzaba su brillante singladura al mando de esos y estos nuevos costaleros, para la trasmisión del o cio, en bien de nuestras cofradías y nuestra Semana Mayor

Así, podemos colegir que la nueva Imagen, cuya entrega se hace el 9 de Mayo de 1621, facilita un cambio en la cofradía, desapareciendo las viejas andas llevadas por cuatro personas para pasar a otras de mayor dimensión y peso que necesitarían ser portadas por un mayor número de cargadores. Hay además un cambio cualitativo en este momento, que consiste en que, en estos años, aparece por primera vez la carga desde el interior o debajo del paso, ya que en los datos relativos al mandato del  mayordomo,  se menciona la construcción de andas de mayor envergadura: “Unas andas grandes con su tarima y selujías [celosías] del Santo Cristo de la Cruz a Cuestas”[12]. Estas celosías pueden relacionarse con los actuales respiraderos, lo que parece indicar claramente que los cargadores/costaleros de los pasos se colocaban dentro del paso. Algunos autores, como Falcón, a partir de noticias como éstas y de fuentes como el Abad Gordillo, relacionan la aparición de pasos de misterio de mayores dimensiones con el Concilio de Trento. Sin embargo, la investigación empírica nos permite suponer que, si bien Trento es efectivamente el contexto doctrinal y de política religiosa en el que hemos de entender el surgimiento del paso moderno, su desarrollo y aplicación no se produce hasta la siguiente centuria.

La segunda mitad del siglo XVII es la que ve el nacimiento del paso según el modelo que se ha consolidado hasta el presente: de las fechas finales de este siglo son las primeras referencias al paso de palio utilizado para las imágenes de la Virgen, que se consolida definitivamente en el siglo XVIII, salvo excepciones como la aportada por Cañizares Japón, quien data el primer paso, perteneciente a la cofradía de la Soledad de San Lorenzo, en una fecha tan temprana como 1606[13] .

Lo que sí nos dice la documentación de los archivos de hermandades es que a finales del siglo XVII y principios del XVIII, se conciertan una serie de andas de mayores proporciones a Francisco Antonio Gijón. “Las del Gran Poder, con medidas de cuatro varas y media de largo, y dos y cuarta de ancho”; “la antigua y extinguida cofradía del Despedimiento con medidas de dos por cuatro metros”; “En 1695, se concertó otro paso para la hermandad del Cristo del Amor”[14] A los pocos años, en 1710, se encarga otro paso por la Hermandad de la Sagrada Mortaja.[15]

En cuanto a los precedentes históricos de los pasos de misterios como grandes representaciones escénicas, concebidos con el fin de adoctrinar desde una visión plástica y de fácil compresión, sobre unos misterios de quizás difícil asimilación por el pueblo en general, el cronista Sánchez Arjona apunta a representaciones teatrales con episodios recogidos en el Nuevo Testamento que datan del siglo XVI.  Estas representaciones eran carretas o carretones sobre ruedas que evolucionaron a lo que se denominó “rocas” con misterios pasionistas, que a veces podían ser representados no solo por figuras inanimadas, sino por elementos humanos que representaban los diferentes personajes de la pasión de Jesús. El propio cronista especifica el carácter asalariado y foráneo de los actores de estas representaciones, señalando que estas rocas eran empujadas desde dentro por seis o doce hombres según las dimensiones y peso de la propia representación. “Todos los que salieron  en la roca aquel año, bien representando alguna figura, así como los doce hombres que iban dentro para moverlas, eran de fuera y cobraron veinticinco maravedíes cada uno”.[16]

Tales noticias han facultado a algunos autores, por ejemplo Ollero y León,[17] a establecer la hipótesis de que existía un modelo previo de transportar los misterios de la pasión en las carrozas, que serían empujadas desde el interior de las estructuras por hombres asalariados. Torres Curiel entiende que entre una y otra forma se puede suponer un modelo de porteo mixto, caracterizado por costaleros o cargadores interiores, ocultos, y por cofrades que, por la parte exterior, portan las parihuelas, enderezando el paso y cuadrando las maniobras, siendo la manigueta de los pasos como los de Sevilla el mudo testigo de esta transición. Otros autores[18] ponen de manifiesto la existencia de contratos a capataces y hombres de carga (dieciséis hombres a razón de cuatro reales cada uno), en 1647 y 1652, en Sevilla, que se pueden asociar tanto a las rocas movidas por ruedas, como a pasos de costaleros más al estilo como se desarrolló posteriormente.

Esportilleros y costaleros

¿Y qué hay de los costaleros? La palabra costalero, según el Diccionario de la Academia, que la restringe a Andalucía, significa “esportillero o mozo de cordel”[19], y no está adscrita sólo a los portadores de pasos o tronos procesionales, sino que es término aplicable a todos aquellos que realizan una actividad relacionada con el porte o transporte de toda clase de mercancías. Ya Miguel de Cervantes, en “Rinconete y Cortadillo”, ofrece alguna noticia sobre los trabajos de porteo que realizaban foráneos en la ciudad de Sevilla en el Siglo de Oro, para los que servían de costales y esportillas. Este uso ha sido documentado en archivos de hermandades sevillanas. Isidoro Moreno  documenta[20] que la palabra “costalero” no aparece en los libros de la hermandad hasta la segunda mitad del siglo XVII, siendo un término de aplicación a cualquier persona que sea contratada para servicios de carga o porteo para la hermandad. El mismo autor señala que la función de “llevada” de los pasos es siempre pagada.[21]Es decir, queda claro que, la Sevilla del Siglo de Oro era un centro cosmopolita donde acudían personas de toda laya y condición para diversos oficios, y en entre ellos los subalternos. Según el padrón de 1665, los cargadores del muelle suponían el 41,7% del ramo del transporte; pero lo mas significativo era el elevado número de inmigrados que lo componían. “Todos los que aparecen en ese padrón son franceses, que cubren el 63, 1% de la mano de obra, de dicho origen son todos los costaleros y aguadores, y en segundo lugar los gallegos”[22].


[1] Bermejo y Carballo, J. “Glorias religiosas de Sevilla”. Sevilla 1882. Reedición Editorial Castillejos. Sevilla 1994

[2] Falcón Márquez, T. “Iconografía de Paso, Costaleros y capataces en la Sevilla del Barroco” Congreso de Capataces y Costaleros. Sevilla.1992

[3] Todas estas formas de porteo dentro del propio ámbito de Andalucía Occidental han sido descritas ampliamente en un artículo realizado por el autor de esta tesis López Montes, M. “Artes y artesanías de la Semana Santa Andaluza: espacios ceremoniales” Edi. Tartesos . Sevilla 2005, pag 144 – 185

[4] Falcón Marquez, T. “Los costaleros del Corpus, evolución histórica” II Congreso de Capataces y Costaleros de Andalucía. Pag 33-39, Fundación Sevillana de Electricidad,  Sevilla 1996.

[5] Archivo Catedral de Sevilla. Legajo 177, número 17. Referencia documental facilitada por el investigador Salvador Hernández González.

[6] Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Sección III (Justicia)- Serie Hermandades. Libro de actas, cuentas e inventarios de la Hermandad de Montesión. Legajo 13. Folio 48 recto y vuelto.

[7] Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Sección III (Justicia)- Serie Hermandades. Libro de actas, cuentas e inventarios de la Hermandad de Montesión. Legajo 13. Folio 36 vuelto. Referencia documental facilitada por el investigador Salvador Hernández González.

[8] Reglas de 1567, fusión de las hermandades de la Santa Faz y la Coronación de Espinas, en 1590. Existía un tercer paso con la imagen de un Cristo crucificado, al parecer de talla pequeña,  que según  se recoge en estas Reglas; “era  cargado por dos hermanos cofrades”. Archivo de la Hermandad del Valle. Sevilla

[9] Torres Curiel, A. “Entre Martillos y trabajaderas” ABC  3 de Abril. Sevilla 1985

[10] Ollero Tassara, A , y  León Vázquez, L. “Capataces y Costaleros” Sevilla Penitente Ed Gever, Sevilla 1995, pag 124

[11] Archivo Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso. Sevilla.

[12]  Archivo Hermandad del Gran Poder

[13] Cañizares Japón. R, “La Hermandad de la Soledad. Devoción, nobleza e identidad en Sevilla (1549 – 2006) . Sevilla 2007

[14] ABC. Carrero Rodríguez, J. “Historia de capataces y costaleros I”. 10 de Marzo. Sevilla 1985.

[15] Archivo Hermandad de la Sagrada Mortaja. Libro de acuerdos 1708-1814. Acta del Cabildo celebrado el día 12 de Octubre de 1710.

[16] Martínez Velasco, J;  “La Semana Santa de Ayer y hoy”. Ed Castillejo. Pag 90-92. Sevilla. 1992

[17] Ollero Tassara, A. León Vázquez, L. Sevilla Penitente Tomo III, pag 126. Ed. Gever S.A. Sevilla. 1995

[18] Martínez Velasco, J. “La Semana Santa de Sevilla de ayer a hoy”. Ed. Guadalquivir Pag 18. Sevilla 1992

[19] Burgos Belinchón A. “Folklore de las cofradías de Sevilla”, Universidad de Sevilla, pag 23. 1972

[20] Moreno Navarro. I , La Antigua Hermandad de Los Negros de Sevilla: Etnicidad; Poder y Sociedad en 600 años de Historía. Universidad de Sevilla – Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Sevilla, 1997,.   pag 109-110.

[21] Moreno Navarro. Idem pag 110

[22] Bernal, Collantes de Terán , García Baquero. “Sevilla de los gremios a la industrialización”. Estudios de Historia Social, nª56 (Homenaje a Ramón Carande) Sevilla, 1978, pag 58-61

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