¿Trending topic cofradiero?

MANUEL RECIO GALLARDO

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Foto: Juan Carlos Gallardo

Una mirada a la Semana Santa de hoy en relación con la que conocimos los que superamos el medio siglo nos hará comprobar como casi todo ha cambiado ¿para bien?

No soy de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero es innegable que en muchos aspectos la Semana Santa actual ha perdido muchas características que la hacían única y misteriosa. Recuerdo como los cofrades y, en general, los amantes de las cosas de Sevilla esperábamos la llegada de la Cuaresma como inicio de una auténtica cuenta atrás que nos ofrecía cultos, conciertos, estrenos, vivencias en las casas de hermandad… que quedaban aparcadas el Domingo de Resurrección hasta el año siguiente. Hoy no hay ni comienzo ni final, todo el año está presente lo cofradiero y “semanasantero” hasta el hastío. ¿En qué momento se nos fue de las manos? Seguramente, uno de los motivos sea el acceso a imágenes reproducidas y difundidas por los más variados medios, incluso sin una búsqueda selectiva, que nos inunda las redes sociales hasta el punto de que no hay un solo minuto del recorrido de cualquier cofradía que no esté registrado y difundido. Esto ha provocado que se haya perdido casi toda la intimidad y misterio que siempre acompañó a la Semana Santa. Por ello, hoy los cofrades que evocamos y añoramos esa época buscamos los pocos lugares y momentos íntimos que aún podemos encontrar en el discurrir de nuestras hermandades por la ciudad.

Analizando el plan de seguridad previsto para esta Semana Santa, podemos comprobar cómo se nos está yendo de las manos. Zonas acotadas y aforadas, calles sin veladores mucho tiempo antes del discurrir de las cofradías, ley seca y bares cerrados en la Madrugada como si de un partido de fútbol de alto riesgo se tratase…En fin, algo absolutamente descabellado e inimaginable hace veinticinco o treinta años cuando creíamos que los cofrades éramos depositarios de algo inmutable y que, por ello, había pervivido tantos siglos cuando todo cambiaba a su alrededor. Y es que yo creo que en esto puede estar el origen del problema. Cuántas veces hemos escuchado que las hermandades y cofradías deben adaptarse a los tiempos y tienen que modernizarse. ¿Estamos seguros que esto debe ser así absolutamente y en todo? ¿No ponemos en riesgo lo esencial por ese ansia de modernización? Las redes sociales pueden servir y de hecho sirven para la comunicación e interactividad inmediata entre personas de diverso origen y condición. Pero, ¿a las hermandades les ha venido bien? La respuesta no es sencilla, particularmente creo que las hermandades representan y son depositarios de unos valores y sentimientos cristianos y de fe que no deben estar expuestos a la simplicidad y superficialidad de las redes sociales. Todo ello conduce a la banalización y al escueto “me gusta” o no me gusta absolutamente alejado de la profundidad del mensaje de trascendencia que deben transmitir las hermandades y cofradías.

Ante la crisis de valores de nuestra sociedad actual, las cofradías, en mi opinión, pueden y deben desempeñar una labor fundamental, incluso de carácter didáctico, poniendo especial énfasis en lo primordial del mensaje y huir de la tentación de querer ser protagonista de un ámbito que no le reportará ningún bien. Muchas veces hemos leído y escuchado que tal o cual noticia o rumor del submundo cofrade ha sido trending topic o tendencia en tal o cual red social. Y se comenta orgullosamente, como un logro. Nos debería causar rubor.

Estando este año en el quinario de mi hermandad, pensaba después de escuchar una magnífica homilía sobre el verdadero sentido de la cruz que debemos soportar todos, en que con total seguridad solo se hablaría después y más aún en las redes sociales del montaje y disposición del altar (por otra parte, sobrio y estupendo) y nada de lo verdaderamente esencial del ejercicio del quinario que celebrábamos.

Sé que es difícil cambiar esta tendencia tan acusada hacia la superficialidad y banalidad de “lo cofrade”. Basta ver cómo hay más móviles encendidos grabando el paso de cualquier imagen en su paso procesional, que gente admirándolo y captando todos los matices artísticos y devocionales que representa.

Avanzar hacia la modernidad y huir del inmovilismo, claro que sí. Los cofrades son hombres de su tiempo y eso se trasladará inexorablemente a las instituciones que se nutren de ellos, pero no caigamos en que lo “políticamente correcto” vacíe o modifique sustancialmente el legado que recibimos de nuestros mayores que en algunos casos se remonta a muchos siglos de fidelidad a unos valores y una fe que por su propia naturaleza son considerados inalterables.

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