La amenaza de las redes sociales.

JAVIER MÁRQUEZ

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Foto: Juan Carlos Gallardo

Me cansa y provoca hastío la cantidad de ideólogos que revolotean alrededor de nuestra Semana Santa. Cada vez hay más personas que, supuestamente, saben de esto y ofrecen salidas paradigmáticas ante problemas más o menos graves y de más o menos compleja solución.

Nos encontramos en un mundo en el que se pontifica por todo. Y entono el mea culpa. Y por eso empiezo por los periodistas que intentamos descubrir nuevas Semana Santas abriendo debates estériles, siguiendo por las juntas de gobierno y cofrades que se ven con la autoridad para decidir sobre lo propio y lo ajeno, pero sobre todo, y en ellos me centro, a los que utilizan las redes sociales para bombardearnos con opiniones que dejan en muy mal lugar a los que realmente trabajan por las hermandades, y al mundo cofrade en general.

Se dicen y escriben demasiadas cosas sobre el diseño de nuestra Semana Mayor sin una reflexión previa, sin un conocimiento minucioso de la historia y la esencia de nuestras cofradías, y por supuesto perdiendo por completo el sentido de lo verdaderamente importante. Se utilizan estos canales interactivos para desacreditar la imagen de los candidatos a dirigir una hermandad, entrando en peleas dialécticas barriobajeras que llegan al insulto y que, en la mayoría de los casos, en el primer minuto, dejan de tener una mínima credibilidad. Hay quien se cree el cofrade más influyente al recibir 5 retuits en Twitter o 4 “me gusta” en Facebook. Se realiza una carrera al esprint por ser el primero en dar una noticia, en enseñar una foto o en dar una opinión para que todos los que son como él estén varios días entretenidos en polémicas.

Seguramente, si existiera un mejor uso de estas herramientas, como hacen el grueso de las hermandades, sería un instrumento magnífico para los cofrades. Si las redes sociales cofrades se inundan de reproches, insultos y mal estilo, vamos a acabar con un bien tan preciado como es la imagen de nuestras hermandades. Y da lo mismo que el perfil del tuitero sea anónimo o no. Voy al fondo de la cuestión, al contenido, a las formas y a la falta de tacto para opinar sobre un asunto relacionado con nuestras cofradías.

Los tuiteros cofrades son capaces de convertir en trending topic un acontecimiento de nuestras corporaciones. A través de las redes, nuestros teléfonos móviles y ordenadores se inundan de imágenes de los carteles que se presentan, las imágenes que se restauran, las exposiciones que se inauguran o las convocatorias que se anuncian. Ya lo sabemos todo. Los ensayos de costaleros, los estrenos, los cambios de capataces o vestidores… Las redes sociales nos han acercado un poco más al mundo de las hermandades y cofradías, pero también han sacado lo peor de las personas. Nos encanta airear los trapos sucios en la calle, a la vista y el oído de toda la sociedad, ser los primeros en publicar lo que hace poco quedaba en casa. Y sobre todo, veo muy frecuentemente que unos y otros se responden y van calentándose, y llegan al insulto, y dejan de tener razón y ensucian la imagen de un colectivo, el cofrade, que muchas veces sabe utilizar las redes sociales, pero que otras muchas nos llega a avergonzar por el nivel que está alcanzando la situación.

Una última reflexión sobre las redes sociales. ¡Qué importante es un buen community manager de los instrumentos tecnológicos que tienen las hermandades a su alcance! Pongamos en valor las páginas y perfiles oficiales que saben mantener la participación justa en las redes, respondiendo solo a asuntos de verdadera importancia y no entrando en otras polémicas artificiales. No todos son así, y habría que cuidar ese aspecto como cuidamos las flores, los cultos o la música detrás de los pasos. Estamos ante un reto, pero sobre todo ante una realidad. Debatamos en los “pescaítos fritos” y no aireemos más nuestras vergüenzas. Todavía hay mucho que aprender.

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